DADME UN LABORATORIO Y MOVERÉ EL MUNDO
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AVANCE
 
 

una sopa, en lenguaje corriente; si inocula pollos, son pollos de gallinero, y si necesita una decocción de heno va a una granja en busca de heno. “Todos los días”, escribe su preparador Loir, “recorríamos la región en un break descubierto en el que con frecuencia metían los cerditos que llevábamos a un anexo de la casa, convertido en lazareto-corral”. Hay algo de conmovedor y de agreste en el equipamiento de los primeros laboratorios, como si se tratara del universo cotidiano simplemente desplazado.
Sin embargo, ese origen humilde no debe ocultar la novedad de ese lugar. Cuando compramos hoy nuestro litro de
lechepasteurizada” sabemos que entre la ubre de la vaca y nuestra taza de café con leche se interpone una industria, y que cada etapa de esa industria se basa en el control de calidad. El consultorio del médico suele contener bellos arreglos, cortinas y muebles tapizados, pero no nos sorprende que para ser examinados tengamos que pasar a un reducto de blancura deslumbrante donde se encuentran los instrumentos de su especialidad y donde él cuida mucho la higiene utilizando abundantes paños blancos, guantes de hule, etc. No nos asombramos de salir de allí con una larga lista de exámenes que nos obliga a acudir a un laboratorio. Si se comete un crimen, todos nos indignamos si la policía no ha hecho con cuidado su trabajo de buscar y examinar rastros de sangre, de dedos, de esperma. Se acerca una tormenta y todos nosotros, sin pensarlo siquiera, miramos menos

 

 

 
               
 
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