LA ECONOMÍA, CIENCIA DE LOS INTERESES PASIONALES
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AVANCE
 
     

Supongamos que Karl Marx haya publicado el CAPITAL y que ninguna persona le haya prestado atención. Un siglo después se redescubriría este libro y quedaría asombrado ante la amplitud y la audacia de una obra aislada, incomprendida, sin efectos científicos, políticos, sociales; una obra que no habría desarrollado ni discíplina, ni exégesis, que no habría transformado ningún ensayo de aplicación más o menos afortunado. ¡Cuán diferente hubiera sido la historia del siglo XX si el breviario de los hombres de acción hubiera sido el libro de Tarde, aparecido en 1902, PSICOLOGÍA ECONÓMICA, en lugar de aquel de Marx! No es quizá demasiado tarde para reinventar, a través de un pequeño ensayo de historia-ficción, una teoría de la economía política en la cual Gabriel Tarde habría desempeñado el rol atribuido en la historia, la verdadera, a los argumentos de Marx.

Porque son muchas las ideas, las opiniones, los argumentos que él trata inicialmente de invertir, para captar la mutación que Tarde hace sufrir a la teoría de la economía política: ¡sí! para él las ideas que mueven el mundo, es decir la superestructura determina «en primera y en última instancia» las infra-estructuras, las cuales, por otra parte, no existen, lo veremos… Extraño revolucionario, se dirá, este materialista ateo que, cien años antes de la antropología de los mercados, detecta en el materialismo ateo de los economistas de su tiempo, de izquierda como derecha, una forma particular,

   

tino: ndt] es capaz de producir en forma automática, por su mano invisible, la armonía pre-establecida, aquella del Mercado o aquella del Estado, poco importa, pues, a los ojos de Tarde, los inventores de la economía política están de acuerdo en casi todo, y en primer lugar sobre la existencia de la economía como dominio propio. Ahora bien es precisamente esto lo que Tarde cuestiona. Para él las ideas mueven el mundo «en primera y última instancia» y más concretamente las ideas que los economistas se hacen de la propia materia para su disciplina ...

¿Qué pasaría si uno fuera realmente un descreído, un agnóstico en materia económica? «¿Y si no hubiera después de todo divinidad maestra en economía?», se pregunta básicamente este revolucionario sin organización, sin partido, sin sucesor1 y casi sin antecesor. Si se aceptaba de verdad desplegar esta inmanencia sin ninguna trascendencia, ¿no se podría hacer a nuevo la política? Esta política que los sectarios de Mammon 2, Dios de la Providencia y de la Armonía automática, nos prohíben después de tanto tiempo practicar, —sí, esta política de la libertad. ¿Liberalismo entonces? Porqué se tenía miedo de una palabra cuya contraria sería “providencialismo”. ¿No se podría releer, retrospectivamente, todo a lo que nosotros hemos llegado después de dos siglos y que se resumió demasiado rápidamente bajo el nombre de «capitalismo»?

 

1. Un único libro segùn nuestro conocimiento mostró toda la importancia de esto de Tarde, el de Maurizio Lazzarato (2002) Potencias de
la invención: La Psicología económica de Gabriel Tarde contra la economía política
, París: Les Empêcheurs. Para todo análisis más profundo que este prólogo, es necesario referirse a esta obra que establece bien la filiación de Tarde y de Deleuze. Tengamos en cuenta que Clark tradujo varias páginas de Psicología económica en su recopilación en inglés, T. N. Clark (1969) Gabriel Tarde On Comunicación and Social Influence. Selected Papers, Edited by Terry N. Clark, Chicago: University of Chicago Press. (Agradecemos a Eduardo Viana Vargas por sus comentarios muy pertinentes y Cassiopée Guitteny su atenta relectura).
2[ver en http:// es. wiki pedia.org/ wiki/ Mammon]

 
               
 
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