EL PACTO DE SÓCRATES Y CALICLES
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AVANCE
 
 

 

 

[...] La no-profesionalidad natural del conocimiento de la gente por la gente, formada en el todo dentro un ordenado cosmos y no “un embarullado matadero”, pasa a ser, a través de un astuto desvío, en el derecho de unos contados retóricos para vencer a los genuinos expertos aunque ellos no poseen ningún conocimiento. Lo que los sofistas afirman es que los ningún experto puede ganar en la plaza pública, porque, esas especificas condiciones de oportunidad [felicity] que allí predominan.
Después que Sócrates lo traduce a su propio punto de vista, este sensato argumento pasa a ser el siguiente absurdo: cualquier experto será derrotado por un ignorante con tal que éste sepa únicamente el arte de la retórica. Y por supuesto, como siempre, los sofistas bondadosos le agradecen a Sócrates por decirles las ridículeces que hace largo tiempo que ellos vienen siendo acusados —ésa es la gran ventaja del modelo de dialogo, ventaja de la que no goza la epideixis.

SÓCRATES : Tú reivindicabas un rato atrás [456b] que un retórico sería más persuasivo que un médico incluso cuando el tema fuera la salud.
GORGIAS : En efecto, lo decía, mientras él está hablando ante una muchedumbre.
SÓCRATES : Según eso, al decir «ante una multitud» ¿quieres decir «ante los que no saben», ¿no es así? Yo pienso, un retórico no sería más persuasivo que el médico ante una audiencia de expertos, seguramen

   

te.
GORGIAS
: Estás en lo cierto. (459a).

Sócrates triunfa. Una vez más, Gorgias está aquí insistiendo en el verdadero problema el cual está oculto acosándonos todavía y el que no ha sido capaz de resolverse desde entonces, y no indudablemente por Platon y su República. La Politica es acerca de los tratos con una multitud de «no expertos», y no hay ninguna posibilidad de igualar esta situación a la del trato que los expertos mantienen con otros expertos en los alejados cenáculos de sus especiales instituciones. Así cuando Platon cuenta sus famosas bromas del cocinero y el médico que suplican votar frente a una asamblea de mocosos mal educados (522), ¡esto tiene muy poco ingenio para doblegar la confusa historia de Sócrates! Esta cómica escena sólo surtiría efecto si la muchedumbre de Atenas estuviera constituída de chicos malcriados. Aún dejando de lado la sorna aristocrática de Sócrates, no hay ninguna demostración —si la historia se lee cuidadosamente— que quienes se enfrentan sean un auténtico experto y un populista adulador. Más bien, está montada una controversia entre dos especialistas, el cocinero y el médico, hablando a una reunión de hombres maduros acerca de una u otra estrategia de corto o largo plazo, cuyo fin ambos ignoran y a traves de la que solamente un bando va a sufrir, es decir, la misma gente, el propio demos. [...]

 

 

 
               
 
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