POLITICAS DE LA NATURALEZA
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CAPÍTULO II - CONCLUSION : EL RETORNO A LA PAZ CIVIL
 
 

 

banquinas costosos «sapoductos», para que los sapos pudieran aovar en los mismos lugares de su nacimiento. Infieles a las interpretaciones de Freud, parece sin embargo que los sapos no buscaban, como los humanos, regresar al charco primitivo. En efecto, pudo observarse que los sapos, encontrando un charco al pie de la banquina, creyeron estar de regreso en su lugar de origen, al punto de poner allí sus numerosos huevos y dejar de lado, de ahí en más, el abordar los costosos túneles y el peligro que suponían. Después de la experiencia, el emplazamiento del sitio para aovar se transformó, por consiguiente, de esencia* en hábito*: eso que no era negociable se volvió negociable; el conflicto frontal entre batracios y autopistas había cambiado de forma ... Como lo veremos más adelante, la composición* de un mundo común* a través de la experiencia y la discusión, sólo se hace posible a partir del momento en que los miembros aceptan pasar de una polémica acerca de las esencias*, a una conciliación de los hábitos*.

   

ona asentada en las dificultades propias de la palabra*: ¿quién habla?; la segunda en las capacidades de asociación*: ¿quién actúa?; la tercera, finalmente, en la obstinación de los hechos: ¿quién puede? Vaya esto a título de trivialidades bienvenidas, que nos aportan alguna innovación respecto de las profundidades abrumadoras a las que suelen recurrir los pensadores de la ecología, con la pretensión de llegar a «reconciliar al hombre y su ambiente». Ellos habían tomado como punto de partida una distribución de los objetos* y de los sujetos* que no describía los seres del pluri-universo*, sino que tenía por objetivo poner en corto-circuito la política*. Algo tan válido como el intento de arar con tanques de guerra. Acusando a las otras culturas de animismo, la policía epistemologica* disimulaba la peculiaridad de su propio inanimismo* : una politización tan completa de la vida del pluri-universo* que todo debía siempre reducirse a un «unanimismo» fuera de todo debate. Halagándose en las «heridas narcisistas» que las revoluciones de la Ciencia* habrían infligido a los pobres humanos, al descubrir con Galileo, más tarde con Darwin, después con Freud, que no existe ningún vínculo entre el universo y la humanidad, entre la cosmología y la antropología, se disimulaba aún más perfectamente la irrupción de un antropocentrismo cada vez más extremo y que acordaba a un nuevo grupo de eruditos el derecho de hacer reinar el orden indiscutible de la Ciencia*36. Deleitándose con desesperación en la indiferencia del mundo hacia nuestras pasiones, el epistemólogo (político)*

 

36. Se encontrará en los trabajos de Alejandro Koyré la versión canónica de esta pretendida ruptura entre el orden del mundo natural y el orden del mundo social, en el mismo momento dónde la totalidad de la vida pública cae bajo el control de las cualidades primarias*. Se podrá oponer en el mismo periodo el tratamiento de la epistemología* KOYRÉ, Alejandro (1962), Del Mundo cerrado al universo infinito, y de la epistemología política, SHAPIN, Steven (1998), La Revolución científica.


CONCLUSION : EL RETORNO A LA PAZ CIVIL
   

«Objetos inanimados, ¿ustedes tienen entonces un alma?» Quizá no, pero una política*, seguro. que si des-dramatizamos, laicizamos, des-movilizamos, civilizamos, las querellas de la tradición, habremos reemplazado las certezas en lo que hace a la repartición de los seres por tres incertidumbres :

               
 
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