POLITICAS DE LA NATURALEZA
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CAPÍTULO II - 3a. PARTE ENTRE HUMANOS Y NO-HUMANOS : REALIDAD Y OBSTINACION
 
 

 

27 . Isabelle Stengers ha propuesto utilizar la expresión «de ecología de las prácticas» para caracterizar su proyecto, ver, STENGERS, Isabelle (1996), Cosmopolitiques, Paris, La Découverte-Les Empêcheurs de penser en rond; pero se puede también hablar de riesgo como BECK, Ulrich (1995), Ecological Politics in an Age of Risk, Cambridge, Polity Press; o del público como DEWEY, John (1927, 1954), The Public and Its Problems, Athens, Ohio University Press, que lo define así: «Aquellos que están seria y directamente afectados, por lo peor o lo mejor, que forman un grupo bastante distinto pa-ra volver reconocible y recibir un nombre» (mi traducción) (pág. 35). 

perplejidad, podemos sin esfuerzo, como se admitirá, concederles el calificativo de actores*. Y si se toma al pie de la letra el término de asociación*, no hay ninguna razón ya para no atribuirles el calificativo de actores sociales. La tradición les negó este término para reservarlo a los sujetos* cuyo curso de acción se desplegaba en un mundo, en un marco, en un entorno de cosas*. Pero tal como lo comprendemos ahora, esta negativa no tenía otra razón que el pavor de ver al humano reducido a una cosa* o, inversamente, ver los pre-juicios de los actores sociales limitando el acceso a las cosas*. Para evitar tanto esta reificación como esta construcción social, era necesario, efectivamente, patrullar con cuidado la frontera entre los actores sociales por una parte y los objetos* por otra: tal era el miserable resorte de todos estos films de horror salidos de la Caverna*

Estos temores ya no tienen razón de ser, si lo que llama a la puerta no tiene más la forma polémica del objeto* que tapa la boca, sino la forma ecológica27 del no-humano* perplejo que entra en relación con el colectivo* y que el equipamiento complejo de los laboratorios socializa poco a poco. No hay nada más simple que alargar las listas de actantes*, en tanto jamás podrían manejarse las relaciones entre los objetos* y los actores sociales, cualesquiera fuesen las piruetas dialécticas que creyésemos suficientemente flexibles efectuar. Asociar los actores sociales a otros actores sociales, he aquí

   

una tarea ya más factible, que en todo caso nada prohíbe conducir a buen término. 

 

 


3ª PARTE ENTRE HUMANOS Y NO-HUMANOS :
REALIDAD Y OBSTINACION

Toda la historia de los conflictos lo demuestra: en tanto las armas no queden en el guardarropa, no se puede congregar bajo una forma civil. Nuestra estrategia consiste en una des-dramatización progresiva que permita convertir las espadas de los actuales guerreros en arados de los futuros ciudadanos. Nosotros no intentamos en este capítulo definir la metafísica fundamental que nos aportaría, de una vez y para siempre, el equipamiento del universo. Es, por el contrario, contra toda forma de decisión oculta en lo que hace a este equipamiento, deseamos volver a abrir la discusión pública. Buscamos sólo cuál es el equipamiento del que los seres deben disponer para congregarse en un colectivo* vivible, en lugar de separarse en dos asambleas ilícitas, que se vuelven mutuamente impotentes y prohíben el ejercicio de la vida pública.

Para esta operación de pacificación, se propone un intercambio de buenas maneras, una suerte de pacto de caballeros: ¿por qué no atribuir a vuestros adversarios aquellas propiedades que ustedes más estiman? Hemos visto que esto

   
               
 
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