POLITICAS DE LA NATURALEZA
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CAPITULO II - 1a. PARTICION : SABER DUDAR DE SUS PORTAVOCES
 
 

 

 

 


de ellos se suscitaban entre los humanos; privados de toda voluntad, su acción subrepticia hacía sin embargo actuar a los pobres andrajos humanos.... Si los cruzamientos de competencias entre humanos* y no-humanos* a los que nos vamos a consagrar parecen sorprendentes, que el lector tenga la bondad de comparar siempre su simplicidad y esa monstruosa mercancía de ocasión que habíamos tomado la costumbre de recubrir un poco rápidamente con los nombres de razonabilidad y de evidencia; recuerde el lector que nosotros dejamos a los soldados en sus cuarteles y hablamos solamente de la vida civil de los humanos* y de los no-humanos*.

   

naturaleza es la de las cosas* mudas 10? La política* habla y palabrea; la naturaleza* no, como no sea en los antiguos mitos, fábulas y cuentos de hadas. Sin embargo, un ligero desplazamiento de nuestra atención basta para mostrar que los no-humanos* también están comprometidos en numerosas dificultades de palabra*, lo que va a permitirnos modificar ya el sentido de la palabra discusión, para hacerla deslizar de la tradición política a lo que se constituirá en la futura tradición ecológica, conservando al mismo tiempo a la palabra, al logos*, este lugar central que siempre se le ha reconocido en la filosofía política.

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Portavoces
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10. Tal es la innovación para mí decisiva del Contrato natural y del cuál vamos aquí a extraer todos los efectos: «¿En qué lenguaje hablan las cosas del mundo para que podamos entendernos con ellas, por contrato? Después de todo, tampoco el antiguo contrato social fue dicho y escrito: nadie ha leído jamás ni el original ni siquiera una copia. Por supuesto, ignoramos la lengua del mundo, o sólo conocemos de ella las diversas versiones animista, religiosa o matemática. Cuando se inventó la física, los filósofos proclamaban que la naturaleza se ocultaba bajo el código de los números o las letras del álgebra: la palabra código procedía del derecho. En efecto, la Tierra nos habla en términos de fuerzas, de lazos y de interacciones, y eso es suficiente para hacer un contratoSERRES, 1990, Le Contrat naturel, Paris, François Bourin, pág. 69.


1ª PARTICION : SABER DUDAR DE SUS PORTAVOCES
   

Puesto que la composición* del mundo común*, si no está dada de entrada, debe ser objeto de una discusión, el único medio de reconocer al colectivo una primera materia que pueda interesar la vida pública, es definirlo como una asamblea de seres capaces de hablar. Tradicionalmente, la filosofía política demandaba a la discusión que ésta tome el lugar de la violencia: ella debe ahora poder reemplazar a la vez el silencio y lo indiscutible. ¿Por qué esta vaga palabra de «discusión», tomada en préstamo al estruendo de las asambleas humanas, podría servir para redefinir la ecología política*, que se ocupa justamente de seres que no hablan, cuya

               
 
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