POLITICAS DE LA NATURALEZA
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CAPITULO II - LAS DIFICULTADES PARA CONVOCAR AL COLECTIVO
 
 

4. Michel Serres había comentado de antemano sobre el simposio de Kyoto cuando escribía extraordinariamente a propósito de Galileo: «La ciencia conquistó todos los derechos, hete aquí ya hace tres siglos, recurriendo a la Tierra, la que respondió moviendose. Entonces el profeta se vuelve rey. A nuestra turno, nosotros hemos apelado a una instancia ausente, cuando nosotros exclamamos, como Galileo, pero ante el tribunal de sus sucesores, ancianos profetas vueltos reyes: la Tierra se mueve! Se mueve la Tierra inmemorial, fija, de nuestras condiciones o fundaciones vitales, la Tierra fundamental tiembla». SERRES, Michel, (1990), Le Contrat naturel, Paris, François Bourin, pág. 136.

5. La nueva historia de las ciencias se percibe retrospectivamente que ha sido siempre así, incluso con Galileo [BIAGIOLI, Mario (1993), El Cortesano Galileo,

En el otoño de 1997, en Kyoto, no había más que un único cónclave en el que había que dar la bienvenida a los grandes de este mundo, a los príncipes, a los lobbystas, a los jefes de Estado, a los industriales, a los expertos e investigadores de todas las disciplinas, para decidir en común cómo iba el planeta y de qué modo debíamos comportarnos con él todos nosotros, de aquí en adelante, si queríamos conservar la calidad de nuestro cielo 4. Sin embargo, el simposio de Kyoto no estaba satisfecho con unir las dos viejas asambleas, la de los políticos y la de los científicos en una tercera cámara, más grande, más vasta, más orgánica, más sintética, más holista, más compleja. No, políticos y científicos, industriales y militantes se reencontraron en las bancas de la misma asamblea sin poder contar ya, ni con las antiguas ventajas de una salvación venida del exterior en nombre de la Ciencia*, ni murmurar encogiéndose de hombros: «¿Qué nos importan estas disputas?¡De todas formas la Tierra se las arreglará bien sin nosotros, poco importa lo que digamos al respecto!» Pasamos de dos cámaras a un sólo colectivo*. La política* debe retomar su curso sin la trascendencia de la naturaleza* : tal es el fenómeno histórico que nosotros nos dimos la obligación de comprender 5.

El fin de la naturaleza, no es el fin de nuestras dificultades. Por el contrario, descubriendo los precipicios donde arriesgamos caer a cada paso, vamos a comprender las ventajas que el uso inmo--

   

derado de la noción de naturaleza* proporcionaba a nuestros predecesores : poniendo en cortocircuito gracias a ello tanto a las ciencias* como a la política*, se habían simplificado todos los obstáculos como por encantamiento. Pero quienes ya no estamos encantados ni fascinados por la naturaleza, nos encontramos, después de los avances en el abordaje del capítulo anterior, entre la espada y la pared –es decir, al pie del cañón. Ojalá los lectores, como los hebreos en el desierto, no empiecen a sentir la ausencia de la ávida dulzura de las cebollas de Egipto...

 

La Práctica de la Ciencia en la Cultura del Absolutismo], de Boyle [SHAPIN y SCHAFFER (1993), op. cit.], de Newton [SCHAFFER, Simon (1997), «Falsificadores y Autores en la Economía Barroca»], de Kelvin [SMITH, Crosbie y Norton WISE (1989), Energía e Imperio. Un Estudio Biográfico de Lord Kelvin] los cuales nunca verdadera-mente estuvieron apartados puesto que ellos establecieron la división en la que esos historiadores erigieron minuciosamente la genealogía. Nosotros jamás fuimos modernos, incluso en Ciencia, sobre todo en Ciencia.


LAS DIFICULTADES PARA CONVOCAR AL COLECTIVO*

¿Cómo vamos a hacer para convocar al colectivo* partiendo de nuevas bases? No faltan pensadores de la ecología deseosos de «superar» una oposición catastrófica entre «el hombre y su ambiente». ¿Por qué no concebir la convocatoria, simplemente, como la reunión de las cosas* y la gente? A primera vista, reuniendo los dos términos,

   
               
 
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