POLITICAS DE LA NATURALEZA
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PRESENTACION
 
 

 

écopos

I

Después de haber eliminado el veneno de la naturaleza «gris y fría» de las cualidades primarias*, después de haber combatido el malentendido de la naturaleza «caliente y verde» de los écolos [verdes / militante ecologista] nosotros necesitamos levantar el obstáculo de la naturaleza «roja y sangrienta» del écopo [ecopolitico], la que pretende reemplazar las relaciones de composición* progresiva del mundo común* por la ley de la selva de una naturaleza animalizada privada de toda vida política. La influencia de esta tercera naturaleza es tanto más grande que, bajo las apariencias vagamente darwinianas, ésta sirve / actúa de resorte / muelle no más para el exterior sino, para el interior del colectivo*1.
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1. Darwin es evidentemente inocente de los darwinismos que comprometen su nombre. A pesar de sus préstamos a Malthus, él no es de ningún modo culpable del naturalismo pues, las evoluciones de las que habla no tienen justamente ni unidad ni óptimo, ni totalización. Para Darwin la evolución no unifica justamente nada --como el libro de GOULD, Stephen-Jay (1991), la Vida es bella, lo muestra tan obstinadamente. Darwin no habría tenido ninguna dificultad de hablar de multi-naturalismo* ya que, en el límite, cada viviente posee su naturaleza*. Tan pronto como se pide prestado las teorías de la evolución para hablar de «la naturaleza» en singular, se pierden las realidades del pluri-universo* al conservar sólo su función de reducción. De ahí la importancia de distinguir el llamado a las realidades exteriores de los procedimientos de unificación del mundo común* que pertenece propiamente a la política* incluso si se habla de genes, de proteínas, de ballena, de cucarachas o de medioambiente interior.

   

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